Poemas de Trinidad Padilla de Sanz

(La Hija del Caribe: pseud.)

LAS ESTACIONES

Primavera

Una ala que alzó con mi ventana

me dijo: «Ya tornó la primavera»,

y al abrir mi balcón esa mañana

encontré enflorecida la pradera.

La grácil y odorante madreselva

sus copas de marfil al aire abría;

venían acres perfumes de la selva

y con el cielo con los cirrus se cubría.

Yo contemplaba la gentil mañana

Que abril de terciopelo había vestido.

Signando el aire, libre, alegre, ufana

la golondrina retornaba al nido.

Ocultaba su hogar en el alero

de un balcón que al jardín recto avanzaba,

como refugio humilde y placentero

que a su modesta aspiración bastaba.

Había arrullos de amor en el ambiente;

fulgores en las gotas de rocío;

canciones en la gloria de la fuente

y en el profundo órgano del río;

y el ala que rozó con mi ventana

como nuncio feliz de primavera,

me hizo admirar absorta esa mañana

cómo se enflorecía la pradera.

Verano

La tierra es horno que, candente, exhala

un cendal de vapor que el cielo sube;

en la floresta el ave pliega el ala

y parece un gran cisne cada nube.

Los arboles al borde del camino

sus ramas polvorientas y abrasadas

extienden a su paso al peregrino

como implorantes manos arrugadas.

Sus verdes abanicos los palmares

agitan débilmente, desvaídos…

muere la onda sin rumor, los mares

salmodian su liturgia adormecidos.

No hay arrullos de amor en el ambiente,

ni fulgor en las gotas de rocío,

ni canciones parleras en la fuente

ni en el profundo órgano del río.

La cigarra estridente, su fermata

deslíe en la onda ígnea que calcina;

y pasa, como oscuro cabalgata

en cortejo nupcial la golondrina.

Y la tierra es un horno; todo exhala

un cendal de vapor que al cielo sube;

y en las ondas del aire se regala

como un gran cisne la flotante nube.

 

Otoño

Las hojas caen amarillentas,, mustias

y se arrastran en locos remolinos;

revelando nostálgicas angustias

gime el viento en las copas de los pinos.

El sauce del caduco cementerio

forma una verde ojiva; en las cruces

que decoran las tumbas, el misterio

de la tarde proyecta extrañas luces.

El campo da el adiós de despedida

al rojo sol vernal que le ha ayudado

con su calor de fuego a dar la vida

al fruto que por él ha germinado;

que para el triunfo grande de la idea

que hace brotar el agua de la roca;

el sol con el trabajo vence, crea,

y va hecho pan hasta la hambrienta boca;

y por eso las hojas secas, mustias,

se arrastran por el suelo en remolinos,

y llorando recónditas angustias

se queja el viento en los sedosos pinos.

Invierno

Como un anciano venerable y bello

El invierno nupcial ha aparecido:

Es de argento rizado su cabello

El azahar su bordón ha enflorecido.

Pone besos de nieve en el camino,

En el techo de todas las cabañas,

En el esbelto campanario alpino,

En las cimas de todas las montañas.

Es el viejo de blancas vestiduras

Que desprecia el orgullo y la riza,

Y borra con su amor las amarguras

Que engendra entre sollozos la pobreza.

Revelación extraña, pero cierta

Para los seres débiles, caídos:

¡Lleva el invierno amor de puerta en puerta

Y hay dolor en las chozas y en los nidos…!

Y así, como un anciano blanco y bello

El invierno nupcial ha aparecido;

Es de argento rizado su cabello

El azahar su bordón ha enflorecido.

De: Padilla de Sanz, Trinidad (La Hija del Caribe: pseud.) De mi Collar, París, 1926, págs. 149-153.

DE LA HIJA DEL CARIBE A JULIA DE BURGOS*

Te admiro Julia de Burgos: he leído tus versos,

si hay quien no los entienda los he entendido yo,

tus versos tan audaces, y por eso te admiro,

si te atacan los necios y censuran, yo no.

Son tus versos insólitos, algo nuevo, exquisitos

con rabias de amapolas y sonrisas de sol,

y por eso te digo que te aplaudo y te admiro

porque eres una aurora completamente inédita,

completamente virgen y te lo digo yo.

Hembra fuerte y fecunda curtida en mis labores,

desdeño los prejuicios hipócritas, y soy

si mística y romántica, en el valor heroica

interpreto a Beethoven y a Chopin con amor,

leo a Hugo y a Shakespeare, a Cervantes, a Zola

y con la luz del alba me ves ante la lumbre

joyante y luminosa de mi humilde fogón.

Al tocar a mi puerta temblando el infortunio

tomé de mi barquilla el remo y el timón,

y por eso te admiro, porque eres sana y fuerte,

y presentas el alma desnuda como yo.

De Isabel y Teresa, de Juana y de Cornelia

propago las virtudes y obrera en el trabajo

laboro por la patria, y por mirarla libre

diera mi corazón.

Odio lo vil, lo infame, la traición, la calumnia,

y doquiera que siento gemidos de dolor

con mis penitencias tocas y mis plegarias

acusado presurosa y al poema adoro con pasión.

En tus versos descubro nuevo nacer de auroras

inusitada cuerda de bronce que enlazó

en mi lira “El Caribe”, tu antepasado ilustre

y como él a la patria la defiendes, tú y yo.

Canta nueva poetisa con tu estro sublime

porque eres lo que dices y cómo tú soy yo.

Trina Padilla de Sanz (La Hija del Caribe)

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*Apareció como prólogo en la primera edición de Poema en 20 surcos, en 1938. La autora firma sus trabajos con el seudónimo “La Hija del Caribe”, en alusión a su padre José Gualberto Padilla (“El Caribe”), médico, poeta épico y satírico.

Este magistral poema ha sido tomado de Julia: Revista de Poesía, Año III, Núm. 9-10, 2002: pág. 9; y cuyo director ha sido el destacado Dr. Manuel de la Puebla.

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Comentario breve al texto

Este poema (prólogo) nos lleva a reflexionar sobre el conocimiento que tenía Trinidad Padilla de Sanz. Reflexionamos sobre el amor y admiración que sentía por Julia de Burgos (1914-1953); pero también, se desprende el amor que sentía nuestra gran poeta Trinidad Padilla de Sanz por su entorno social y, como mujer adelantada a su época, hace y vislumbra las magnitudes de la poesía de Julia de Burgos. Reproducimos el poema con la finalidad de dar a conocer la labor pedagógica y artística de Trinidad Padilla de Sanz y su entereza en relación con su época.

Prof. Iván Segarra-Báez, 2015

Escuela del Siglo XXI Trina Padilla de Sanz, San Juan, Puerto Rico

casa

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Casa de Trina Padilla de Sanz, creada por el Prof. Erick G. Pérez Ramos, maestro del Taller de Arte Comercial y Diseño gráfico de la Escuela Trina Padilla de Sanz en San Juan.

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